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La Comarca: Los vinos de Terra Alta son los más meridionales y aislados que se producen en Cataluña. Este carácter de aislamiento les ha hecho ser bastante desconocidos en el mercado. El propio nombre de la Denominación de Origen dice que la zona de producción está elevada sobre el nivel del mar. Terra Alta está en la margen derecha del río Ebro, lindando ya con Aragón, pero casi sin llegar al río, pues una serie de picos y montañas se lo impide: Racó del Coc, Muntanyola, Tossal de Joan Grau, Tossal den Grialó, Mola Rasa, La Talaia de Lixem, Serra de la Torre, Tossal de les Palmeres, Els Mollons. Tan sólo toca un poco al Ebro en la zona del pantano de Riba-roja. Precisamente, el Ebro está realizando enormes esfuerzos para atravesar la Cadena Costera Catalana y llegar al mar cuando pasa por el lado de la Terra Alta. Las montañas citadas forman un arco de norte a sur, pasando por el este de Terra Alta. Su perímetro se cierra por el oeste con la Serra del Pedregal y el río dAlgars, límites naturales con Aragón. Este río, el único que verdaderamente se asoma a Terra Alta, se desconcierta tanto ante la geografía dislocada por la que discurre que corre paralelo al Ebro pero en sentido contrario, como le pasa al Matarraña, con el cual se encuentra poco antes de rendir fin juntos en el Ebro. La comarca está constituida por 12 municipios, cuyo centro neurálgico es Gandesa. Sus comunicaciones con el resto de la región son bastante deficientes, tan sólo las carreteras nacionales 230 y 420 que se cruzan en Gandesa permiten esa comunicación. La historia: El aislamiento secular ha hecho que el vino de la Terra Alta no se incorpore a la historia hasta muy tarde, cuando en 1185 Ramón Berenguer IV encomienda repoblar esta región a la Orden de los Templarios, sustituidos más tarde por los Caballeros Hospitalarios. Sin embargo, la producción vinícola no prosperó, abasteciendo sólo a los mercados locales. Pasada la crisis de la filoxera en Cataluña, Terra Alta aprovechó la coyuntura para ampliar su viñedo, creándose diversas cooperativas cuyos edificios fueron diseñados por arquitectos modernistas de la época, constituyendo hoy monumentos en ladrillo al espíritu emprendedor de esta comarca vitivinícola. El clima: El clima es mediterráneo, con fuertes influencias continentales. Las temperaturas están bajo cero en el invierno y por encima de 40º en el verano. Llueve unos 500 mm. anuales, quedando retenida agua en muy pequeña proporción, haciendo que la humedad sea escasa. El suelo: El cultivo de la vid se lleva a cabo en terrazas naturales, relativamente pendientes, muy permeables y que permiten que el agua de lluvia escurra muy rápidamente (suelos poco retentivos). Las variedades de uva: En Terra Alta se cultivan preferentemente variedades tintas: garnacha, cariñena, cabernet, syrah, merlot y trempanillo. También utiliza para elaborar sus vinos variedades blancas: garnacha, macabeo, chardonnay y moscat La acción del hombre: El vitivinicultor de la Terra Alta ha emprendido una acción decidida para mejorar sus vinos aplicando las tecnologías más adecuadas. En esta tarea ha destacado la actuación de empresas privadas como Celler Mariol, y diversas cooperativas, como Gandesa, Villalva dels Arcs y Batea. En la actualidad hay 2.390 vinicultores inscritos en la D.O. Terra Alta, reconocida en 1985, que trabajan unas 16.000 hectáreas. Los vinos: La garnacha blanca produce vinos de buen cuerpo y elevado grado. La macabeo produce una uva tan aromática como la del Penedès, pero con mayor grado y mayor densidad en boca. Además, por la sequedad y la altura, la macabeo resulta en la Terra Alta menos atacada por las enfermedades criptogámicas que en el Penedès. De ambas variedades se obtienen vinos blancos de graduación elevada, entre 12,5 y 14º. Los vinos tintos los proporcionan las variedades garnacha tinto, cariñena, merlot, trempanillo, syrah y cabernet. Su grado alcohólico está entre 12 y 15º. También elaboran vinos rosados a partir de las mismas variedades y con la misma graduación que los tintos. Hacen también vinos rancios, que realmente son blancos generosos, elaborados a partir de garnacha blanca. Están sometidos a envejecimiento en envase de roble, durante un periodo mínimo de cinco años los secos y de dos años los dulces. Su graduación alcohólica es superior a 15º. Los vinos tintos de crianza tienen un periodo mínimo de crianza de 14 meses, de los que como mínimo 6 meses están en barrica de roble. El paisaje y la cultura: La Terra Alta guarda en su interior una gran variedad de paisajes, dado lo tortuoso de su geografía. Se ven pequeñas llanuras cultivadas de viñas junto a lugares muy densamente poblados de árboles forestales, como en las sierras de Pandols y de Cavalls o las Roques de Benet. En otros puntos, masas pétreas sobrecogen el ánimo e invitan al montañismo. Otros revelan su origen sísmico. El aislamiento en que ha vivido la comarca ha originado un folklore original y variado en el que predominan los bailes y las rondallas. La jota, danza por excelencia de la región, se baila dando vueltas a una hoguera, el cremaller. Es muy típica la fabricación de botas de vino a partir de pieles de cabra, así como de la fabricación de diversos utensilios de esparto. Gatronomía: La gastronomía de la zona hermana bien con sus vinos tintos. Los tintos de crianza acompañan a muy bien a los platos de caza y carnes en salsa fuertes, típicas de la Terra Alta, y un tinto joven puede acompañar perfectamente a unas manos de cerdo al estilo local o a unas mongetes con butifarra. Los blancos son idóneos para acompañar a los platos de verduras de la comarca: escalibadas, calçons... con un buen aceite de oliva, pero también acompañan a los pescados de las costas, con sus picadas y romescos. |